Placas de mausoleos y monumentos, puertas de baños, herramientas de jardinería. Semana a semana, varias cosas desaparecen del cementerio municipal de Tafí Viejo. Y, aunque parece obra de fantasmas, quienes saquean y destrozan el camposanto de Villa Obrera son ladrones de carne y hueso. "Cómo será la situación que, en una ocasión, hasta se robaron las cuerdas para bajar los ataúdes a las fosas", contó Daniel González, cuidador del lugar.
Al parecer, los atracos se producen durante la noche, cuando solamente hay un sereno en el cementerio. La Policía solamente custodia el perímetro del predio, que es blanco fácil de vándalos.